martes, 20 de noviembre de 2012

MICROCHIPS IMPLANTADOS EN HUMANOS



Según explica Álvarez, el control externo del dispositivo a través de un sistema de sensor y de comunicación sin cable “abre interesantes posibilidades a la hora de plantear otro tipo de sesiones también en pulsos, o en las que se libera el fármaco en picos, solo una vez al día, lo que puede ser mucho más conveniente en determinados tratamientos”.
El procedimiento al que han sido sometidas las participantes del ensayo clínico requiere cirugía ambulatoria y anestesia local y comienza con una incisión de 2,5 centímetros bajo la línea de la cintura y el ahuecamiento necesario para crear un ‘bolsillo’ donde quepa el pequeño implante. Después, se aplican dos puntos para fijarlo en el interior, algunos más para cerrar y la curación se completa en pocos días. “Todas las pacientes del ensayo aseguraron que el implante era aceptable, que no notaban el dispositivo y que estaban deseando repetir el proceso”, afirma Farra, que añade que el coste anual del tratamiento sería comparable al del que requiere inyecciones diarias del medicamento.
Detalle del microchip liberador del fármaco contra la osteoporosis y del lugar del cuerpo donde se coloca el implante que lo incorpora. Fuente: MicroCHIPS Inc.
En opinión de Laura Lechuga, líder del grupo de Nanobiosensores y Aplicaciones Bioanalíticas del Centro de Investigación en Nanotecnología y Nanociencia (CIN2-CSIC), en España, la sencillez de la intervención, que dura unos 30 minutos, es una de sus grandes ventajas. “Los sistemas de este tipo son el futuro y la implantación subcutánea no tiene ninguna complicación”, afirma. “Las operaciones de estética son unas cien veces más agresivas que estos implantes”.
En cuanto a la efectividad a largo plazo del tratamiento basado en este chip, los investigadores tuvieron en cuenta que al realizar un implante bajo la piel es habitual que se genere una cápsula fibrosa en torno al mismo. Los expertos temían que pudiera dificultar la liberación del fármaco, pero esto quedó descartado en los ensayos. “Diseñamos un estudio en el que esperamos a que la cápsula creciera sobre el dispositivo antes de empezar a ceder el fármaco”, explica Cima. “Encontramos que no afectaba a su liberación y creemos sería igual después de estar implantado durante un año”, considera.
Los chips utilizados en este estudio, que permanecieron 4 meses dentro del cuerpo de las pacientes, almacenan 20 dosis de teriparatida selladas individualmente en unos diminutos depósitos que están cubiertos con una capa fina de platino y titanio. Esta cobertura se funde al aplicarse una pequeña corriente eléctrica, liberando el fármaco en el organismo. “Lo que estamos haciendo es reemplazar señales endocrinas en el cuerpo”, explica Cima. “Las aplicaciones futuras de este dispositivo involucrarán muchos tipos diferentes de hormonas que controlan desórdenes relacionados con el crecimiento, la reproducción, la obesidad e incluso la diabetes”, predice el investigador.
Aunque es tentador pensar en un implante que libere a las personas diabéticas de sus plumas y sus glucómetros, Farra reconoce que la insulina no es una sustancia suficientemente potente para este dispositivo, ya que el volumen de dosis que haría falta insertar en el chip sería demasiado alto. Además, según comenta Lechuga, aunque este sistema “es muy útil para enfermedades crónicas de las que se conoce perfectamente la dosificación”, en el caso de un enfermo diabético no sería aplicable sin un sistema de diagnóstico asociado, ya que las dosis que necesita en cada momento varían y no se pueden preprogramar.

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